La segunda vez que viajé a la India asistí a una cremación en mi amada Varanasi, allí me quedé mirando sin entender mucho, sólo observando. Nunca me había planteado que se pudiera tener una relación con la muerte, pensaba que simplemente tenemos que cohabitar con ella. En Varanasi se vive cada día al lado de la muerte.

Para muchas personas la muerte es el final de la existencia, para diferentes culturas a la nuestra es un rito de paso, a algo que se nos escapa de la conciencia.

Mi creencia personal es que pasamos al siguiente nivel, como en una escuela, para una vez superada la fase que terminamos, nos dispongamos a aprender nuevas habilidades en la siguiente fase.

La primera vez que tuve cerca la muerte fue cuando murió mi padre, tenía 20 años y tras una enfermedad mi padre se fue, mi duelo fue digamos “adolescente”, pero una serie de hechos más “sobrenaturales” aunque no me gusta ese término, sembró en mí la duda de que ahí no se acababa todo. Años después y en varios momentos de mi vida he estado cerca de la temida parca, sobre todo en el lado del que acompaña. Los duelos que he vivido, propios y ajenos, han cambiado mi concepto y relación con la muerte, a mi manera entendí los propósitos de quienes vienen y los que se van.

La experiencia que a continuación relato, y la que más tarde ocurrió, han sido con creces de las que más cosas he aprendido. Todo ocurrió durante el mes de julio de 2017.

El encuentro

Aun siento la congoja en la garganta…. Apretando fuerte para salir.. y la contengo, porque ya he llorado y no debería implicarme tanto como para que me agobie sentirme así…. Pero ha sido tan intenso, tan fuerte… que me he perdido conocer a la persona antes de que la muerte lo trajera hasta mi puerta… lo conocí después de que se hubiera ido.

– ¿Mira lo que nos ha traído el universo? Dice Pablo un martes por la mañana…. Ostras, un vagabundo- pienso para mis adentros.

Pero su sonrisa me dice algo más… sus ojos expresivos miran con curiosidad, pero también con entusiasmo. Las personas que viven en la calle son nadie para la sociedad en la que vivimos, pero son personas con historias, anhelos y vivencias, puedes conversar y aprender de ellas muchas cosas.

Carlos se sentía ciudadano del mundo, pero había nacido en París, hablaba 3 idiomas y había trabajado de au pair y con politoxicómanos en diferentes países…  he intentado varias veces encajar el puzzle de acontecimientos que hicieron que Carlos viviera en la calle, y antes de vivir en la calle, que acabara viviendo en un altillo prestado y comiendo en un comedor social.. ,creo que nunca comprenderé cuales fueron las convicciones que lo llevaron a tomar ciertas decisiones.

La segunda vez que nos vimos, Carlos me habló de su madre, de su padrastro y sus hermanos; de cómo se había deteriorado su relación por diferencias… cuando una persona toma decisiones en la vida, los padres podemos pensar que se está equivocando, pero no somos más que guías o espectadores de las vidas de nuestros hijos, a veces el miedo a que repitan nuestros mismos errores nos hacen presionar, coartar su libertad hasta el punto de tensar la cuerda demasiado.

Hubo un hecho en un momento de su vida que le puso en una encrucijada: el cáncer. Esta enfermedad silenciosa que quema los cartuchos de tu vida, a veces hagas lo que hagas, es devastadora para una persona y una familia entera.

 ¿Cuál es la mejor decisión frente al cáncer?, mi opinión es: la que cada uno elija.

Cáncer, una sola palabra que tira por la borda todas las opciones de salida para alguien que vive en la calle, se cierran las puertas, las oportunidades, no importan los idiomas, ni la guitarra… tu vida depende de hasta dónde te deja ir tu propio cuerpo.

A Carlos le gustaba el té, ¿ Cuán difícil le resultaría explicarme porque le costaba tanto remontar su vida? … con 3 idiomas y 35 años… pero al final me contó que 4 años atrás habían descubierto varios tumores en su cuerpo, había sufrido con los tratamientos en París y había decidido agotar las oportunidades que su cuerpo le ofrecía… se fue de París después de la terapia con quimio decidido a encontrar “otras” vías alternativas para su enfermedad, y también para su estilo de vida. Luego supe cuántas oportunidades desechó… después de visitar Berlín, Portugal, en busca de tratamientos, la última vía: la cirugía.

Yo creo que Carlos tuvo miedo, miedo al quirófano, cuando en realidad el tratamiento era sencillo…tal y como me contó más tarde su padre sobre las palabras del médico “esto es como ir al zapatero, cortar y remendar”,  ¿porque eligió otra vía? No lo sé, no voy a entrar a valorar qué decisión hubiera sido mejor o peor…. Lo hechos acontecieron de alguna manera porque debía ser así.

Y entonces el discurso cambió….Carlos había empeorado en sus días aquí en Valencia, desde que dormía en la calle había empezado a toser, incluso un día empezó a toser sangre… y entonces mi empeño consistió en que lo vieran en un centro médico.

Soy defensora de las terapias naturales, pero la naturaleza también tiene sus límites, y no debemos obviar la capacidad de diagnóstico de las nuevas tecnologías; si podemos elegir, es porque contamos con la habilidad de la cirugía y otras técnicas quirúrgicas que salvan vidas.

Carlos podía decidir… y su decisión se basaba en las señales de su cuerpo, pero estaba haciendo “oídos sordos” a señales muy concretas, y necesitaba ayuda.

Me prometió que volvería a la ciudad donde residía…. Un sábado… y me prometió que acudiría a un centro médico, esa fue su decisión y yo la respeté.

El universo ya había trazado su plan semanas antes… cuando movió con sus hilos la voluntad de Carlos para salir de la ciudad donde residía y venir hasta Valencia… incluso a veces he pensado que este plan venía planeado de mucho más atrás.

Le pedí por favor que volviera a su “casa”, vivir en la calle estando enfermo es lo que menos podría desear para un ser humano, sin ayudas, sin fuerzas.. sólo… me prometió que lo haría… que iría a un hospital para reconocer su cuerpo y ver en qué estado estaba…

Durante estos días que compartí con él,   fui consciente de mi deseo de ayudar, pero también de la sensación socialmente establecida que tenemos los humanos de premura en que la persona acate nuestras recomendaciones siempre por el bien de su vida… estudié trabajo social y mis conocimientos me hicieron poder entablar conversaciones para intentar ver por dónde era posible que Carlos recibiera la ayuda que necesitaba…. La cuestión era si la quería…

¿De verdad en estos casos somos respetuosos?… ¿Cómo podemos sentirnos con el poder de decidir por la otra persona qué es lo mejor para ella cuando realmente ella es dueña de su vida y su salud? 

Sentía el ímpetu de que hiciera “algo”, fuera consciente de que su enfermedad avanzaba sin condescendencia, sin darle el tiempo que necesitaba para reorganizar sus ideas y su corazón… pero Carlos soñaba con sanar su cuerpo sin la medicina, con llevar su cuerpo hasta sus propios límites… y lo respeté….. las conversaciones se tornaron más monótonas….

¿Qué era lo que el universo quería mostrarme con esta experiencia?… quizá la paciencia, la comprensión, el respeto… al ver que mis “recomendaciones” no surtían efecto… sentía que mi papel ya no era necesario y empecé a sentirme “invadida” por su presencia… ¿Dónde estaba la línea divisoria entre mi elección de amigos detrás de mi mostrador o el trabajo de ayudar a quien demanda ayuda?… Carlos y yo no nos conocíamos..   

Insistiendo en que buscara ayuda.. le dejé marchar

Y pasaron los días… y llegó el siguiente sábado…. Y el universo movió ficha….

El pacto

María es auxiliar de enfermería en el hospital de la Fe, Carlos se había desmayado en la calle, pidió ayuda a más de 5 personas que, viéndole en el suelo, pasaron de largo, él solo pedía que llamaran a una ambulancia… ¿Dónde nos hemos dejado la humanidad?…

Le habían llevado al hospital y allí conoció a María a quien le pidió que le hiciera un favor, que buscara el nombre de mi tienda en internet y me llamara.

Y ese sábado…. ella me llamó… uff no imaginaba lo que acontecería después de ese día…

No lo dudé, el lunes a medio día fuimos Pablo y yo al hospital… se alegró mucho de vernos… y nos sentamos para comenzar de nuevo nuestro periplo por su vida… con la intención de buscar ayuda…

Y comenzamos una vez más la conversación en la que Carlos divagaba con viajar para encontrar solución a su enfermedad, y nosotros nos encontrábamos en la situación de hacerle ver que necesitaba que le cuidaran; y que la mejor persona que podría hacerlo era un familiar.

Aquí volví a encontrarme en la diatriba de si debía implicarme en dirigir su atención hacia lo que yo consideraba correcto o simplemente estar, pero como soy un poco cabezota y mi sentido de lo justo es bastante fuerte, creo que por este motivo el universo me eligió para este acto… así que insistí.

Carlos nos habló sobre su padrastro, que no quería saber nada de él, sobre sus hermanastros que tampoco habían querido saber nada de su vida desde que pasó el primer cáncer hacía 4 años.  ¿Quien más quedaba?

– ¿Cómo no se me había ocurrido?, pensé.

-Carlos, ¿tienes padre?

– Sí, claro

– ¿Y está vivo?

– Si- ………….y si no hablo con él, la culpa es mía… él siempre me ha buscado…

De repente, el corazón me dio un vuelco y dije entusiasmada: Carlos, tenemos que encontrar a tu padre ¡¡¡¡¡

Y asintió…

Un nombre… una aldea…. Un país…

En la era de la tecnología….. sólo teníamos un nombre y el nombre de una aldea de Portugal… y no pensé en ningún momento en si iba a ser fácil o difícil… ni pensé en lo que vendría después…. Si me estaba implicando mucho o poco.. ¿Cuál era la medida? ….. no había medida… o todo o nada…

La ruleta giró…. Y el universo lanzó la bola…. Y dio en el clavo…. Aunque hoy pienso que ya lo tenía medido…

Al día siguiente, martes, me puse manos a la obra, busqué varios números, yo por un lado y Pablo por otro… no cogieron el teléfono en ninguno de los que encontré…

El último número era del ayuntamiento de un pequeño municipio al que pertenecía la aldea… un poco incrédula y sin saber muy bien qué iba a decirle a quien me cogiera el teléfono… sin saber prácticamente palabra de portugués…..

Más tarde sabría que, sin ser casualidad, ese día en el ayuntamiento estaba Selma, otra de las actrices de esta obra… Selma vive en la aldea donde buscábamos y no tuve que decirle mucho… ella misma me dijo el nombre del padre de Carlos, llevaban buscándole 2 años y medio…. Respiré con alivio… ella llamaría a su padre y seguiríamos hablando…

Y rebosante de alegría de haber encontrado al padre de Carlos, empezaron las dudas…. ¿vendría hasta Valencia? , ¿ y si no tenía recursos?… sonó el teléfono.

Joaquín estaba en estado de shock.. no entendía muy bien el español ni lo que yo estaba diciéndole, y cuando yo le preguntaba si tenía medios para venir.. el sólo contestaba no.. no ..no..no.. madre mia… al final me dijo que necesitaba pensar…

Llamé a María, le conté todo…aún sin habernos visto personalmente aún, ella me apoyaba, yo no era la única loca que se metía en estos berenjenales..

María era mi punto de unión con Carlos, ella aun cumpliendo todas sus obligaciones entraba a verlo a menudo a la habitación y le llevaba lo que necesitara, le compraba agua y frutas.

Fuera de toda esta historia María y yo hablábamos por wassapp e intercambiábamos impresiones, miedos. Fue muy curioso saber más tarde que María estaba cubriendo una baja en esa planta del hospital, y que entró a trabajar el día que ingresaron a Carlos y unos días más tarde la avisaron de cuál sería su último día. Otro hilo rojo bien atado…

Suena el teléfono de nuevo.. un número de Francia, el tío de Carlos habla español perfectamente y se convierte en el intérprete entre Joaquín y yo. Joaquín emprende el camino hasta Valencia… llegará el jueves por la noche…..

Es martes por la tarde… y María ha terminado su turno a las 15 horas, pero decide acercarse al hospital a ver a Carlos y llevarle unos limones.. lo ve muy mal… y me llama por teléfono…

-Bea… Carlos está muy flojito.. le han dado ventolín en mascarilla y está tosiendo sangre… lo veo muy flojo y las compañeras enfermeras me dicen que no saben si llegará al viernes…..

¿Y qué más puedo hacer?, pensé… voy a llamar a su tío… hablo con él y le digo como está el panorama… que se den prisa.. yo no sé qué va a ocurrir….. ok, me dice, voy a hablar con su padre y vuelvo a llamarte.

Me pongo a pensar… ¿y si no llega a tiempo?, después de 2 años y medio buscando a tu hijo, encontrarte este panorama… no lo quisiera vivir… que duro.. encontrar a un hijo para volver a perderlo… he de decir que siempre (ingenua de mi) pensé en que si Carlos había aguantado sin tratamiento 4 años aguantaría unos meses más, lo suficiente para salir del hospital y pasar un pequeño tiempo con su padre…. Luego viviría en mis carnes una vez más la pérdida.. y cuánto recordaría esta historia.

Suena el teléfono…. Mañana mismo llegarán.

El padre de Carlos llegará el miércoles por la noche… ese martes me voy a dormir… he dejado mi número de teléfono en el hospital por si necesitan algo… hasta hace 2 días Carlos tenía puesta la pulsera de “vagabundo de la calle”, pero después de vernos a Pablo y a mí en la habitación empiezan a interesarse más por el… Carlos NO ESTÁ SOLO…

Paso la noche intranquila, no sé muy bien qué está pasando.. cómo se ha gestado todo esto.. y pienso en Carlos, en su padre, en la vida y en la muerte… pero como por encima, no muy de cerca. No puede ser que el universo me meta en esta historia para que acabe mal… y no, la muerte no es el mal final.. espero que Joaquín llegue a tiempo para estar con su hijo.

Al día siguiente vuelvo al hospital, los padres de Carlos vienen en camino, me he llevado cosas para arreglarle la barba y cortarle un poco el pelo, lo siento débil, su enfermedad se lo ha ido comiendo poco a poco.. pero mantiene su sonrisa, una sonrisa grande. Carlos sonrió y comunicó lo que sentía hasta el último suspiro.

Les pedí a las enfermeras que por favor cuidaran de él, que sus padres venían en camino.

Sus padres llegaron y les acompañamos al hospital, entré en la habitación para decírselo y me pidió que le abrazara, fue el último abrazo que le di. Lo recuerdo cálido y sincero.  A veces pensamos que las cosas que nos ocurren traen consigo enseñanzas, pero no somos conscientes de que esas enseñanzas se pueden materializar tiempo después, cuando el universo te pone a prueba con situaciones determinadas.

Pienso que Carlos y yo habíamos hecho un pacto, en otro plano, y él allí y yo aquí cumplimos nuestro papel; esta enseñanza la he integrado casi un año después de que esta historia aconteciera.

Pude ser testigo junto con Pablo de la despedida de Carlos, de cómo se reconcilió con sus padres y con la vida. Y el viernes por la tarde Carlos se marchó de este plano.

Durante un tiempo me costó no pensar y re-pensar qué había sucedido, y no me refiero a la muerte de Carlos, sino a cómo se dispusieron los acontecimientos y como cada paso llevó al siguiente, siguiendo un hilo conductor para llegar a un final que de ninguna manera hubiera pensado el día que entró por la puerta. 

El aprendizaje

¿Qué aprendí de esta historia?

Pues, aunque muchas personas no lo crean así, para mí, vivir esta experiencia fue la revelación del hilo conductor que a través del universo nos une en un baile perfecto, danzando nuestra música, cambiando de pareja, para hacer una obra perfecta de amor, enseñanzas, aprendizaje y superación personal.  Fue revelador. Me aportó paz, porque me sentí acompañada por el camino que me lleva por esta vida, pase lo que pase, por un motivo superior a mi entendimiento.

Y aprendí a dejarme llevar mucho mejor por ese hilo rojo de la vida.

Durante ese año conté esta historia en varias ocasiones y sentí un gran agradecimiento al ver cada lágrima de emoción de las personas que la escucharon. No hubo nadie que se quedara impasible. No puedo dejar de pensar en cuantas almas llenas de angustia y tristeza la han escuchado, y pienso que ha sido Carlos con sus decisiones y vivencias el que ha hecho terapia en ellos, siendo muestra de que los milagros existen y nos pueden tocar a cualquiera, que dentro de lo malo y triste hay una belleza.

Y en esa belleza en lo más triste me vi inmersa en mi siguiente encuentro con la muerte.  Mi última perdida fue mi bebé de 20 semanas de gestación…. ¿quien quiere encontrar a un hijo para volver a perderlo?

Y lo tuve que transitar, con dolor, tristeza, pero con la belleza de saber que todo ocurre por una razón superior que no soy capaz de entender y que la vida es así… es a veces incomprensible y bella, rutinaria y difícil, cruel y amorosa. Pero es la vida, y sin ella no podríamos ser capaces de vivir y sentir todas las emociones, con cada nacimiento, con cada muerte, con cada flor que se abre, con cada sonrisa de tus seres queridos.

¿Que es la vida sino un instante dentro de este inmenso cosmos? … un instante de emoción.

Pienso y siento agradecimiento a todas las experiencias que este tiempo cósmico me han conectado con la muerte, siento que Carlos me preparó para comprenderla mejor, para aceptarla tal y como es y no querer cambiarla.  Y siento que he aprendido mucho, lo que me ha hecho vivir experiencias dolorosas con una conciencia que no esperaba.

No existe sanación hasta que vivimos de nuevo experiencias que nos aturden, pero somos conscientes de que la forma emocional en la que las enfrentamos ha cambiado. Ahí reside el crecimiento espiritual.

No hay crecimiento sin dolor

No hay sanación sin abrir nuestra herida

Que bello y necesario es poder despedirse del que se va.

Cuanto amor reside en las huellas que aquí quedan.

Qué importante es dar amor al que hemos perdido.

Sabiendo que no lo hemos perdido,

que ahora vive en las estrellas.

Los nombres de esta historia han sido modificados para reservar la intimidad de su familia.

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