La historia de los aromas comienza mucho antes de que fuera un complemento para la belleza o el bienestar, comenzó siendo algo divino; en la antigüedad el oler bien era un signo de divinidad y los malos olores estaban relacionados con el infierno y el pecado.

Las moléculas aromáticas trabajan en las rutas de los neurotransmisores para “acelerarlos” o “bloquearlos” y con una incidencia directa en el sistema límbico cerebral estos aromas trabajan directamente sobre nuestro “cerebro emocional”.

Un aroma determinado puede “despertar” una cualidad en nosotros, trabajar nuestra dualidad femenina/masculina, combatir miedo, la tristeza. Un aroma puede en unos minutos cambiar nuestro estado de ánimo.

Para realizar un perfume energético primero realizamos una valoración con las varillas de radiestesia, valoramos el flujo energético a través de los centros de energía vitales o chakras. Después elijo ciertos aromas que tu subconsciente me indica y el paciente los valora olfativamente.

Tu perfume puede ser un compañero en tu trabajo personal de las emociones, de un proceso difícil de cambios en tu vida o simplemente ayudarte a ser tú mismo.